Tinta Roja | Órgano del Partido Comunista Revolucionario (PCR) Bolivia

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¿Cómo debe ser el militante revolucionario?

Los militantes marxistas-leninistas tenemos una tarea histórica, luchar junto a las clases explotadas y naciones oprimidas por el poder popular y la revolución socialista.  Como militantes de un partido marxista-leninista, debemos estudiar profundamente el materialismo dialéctico e histórico, la economía política marxista y el socialismo científico, y a través de estas herramientas analizar la coyuntura local, nacional e internacional.  Marx nos enseña que más allá de estudiar la realidad tenemos la tarea de transformarla, la unidad inquebrantable de la teoría revolucionaria y la práctica revolucionaria nos ayudará a desarrollar nuestra línea partidaria en los frentes de lucha que nos encontremos.

Es necesario aclarar cuál es nuestra forma de trabajo en los frentes políticos, qué es lo que nos diferencia en ese sentido de las demás fuerzas políticas que se reclaman de izquierda, cuál es nuestra política de alianzas e incluso cómo debe ser la conducta de un militante marxista-leninista.

El militante revolucionario no sólo milita los fines de semana o tardes libres, no sólo publica a través de las redes sociales; el revolucionario que toma la decisión de ser militante marxista-leninista decide entregarse a las tareas partidarias sin pedir nada a cambio y todos los aspectos de su vida deben ser reflejo de la militancia.  Cuando una persona decide lucha por la causa de la clase obrera debe ir forjando una nueva moral, la moral proletaria.  Esta nueva moral lleva al individuo a poner sus intereses personales después de los intereses de la clase obrera.  El militante debe cumplir las tareas partidarias no por obligación sino por convicción.

El militante revolucionario debe ser honesto y transparente, la línea política del partido es pública, no tenemos porqué esconder nuestras ideas, pues son ideas justas.  En nuestros espacios de trabajo debemos actuar abiertamente con nuestros frentes.  La honestidad en nuestra forma de actuar es decirles a las bases abiertamente cual es la postura política que tenemos y cuáles son nuestros programas y propuestas, y no esconderlo.

Nuestros frentes de masa son espacios amplios y no sectarios, trabajan bajo un programa amplio y bajo normas de organización propia.  Los frentes de masa eligen a sus propios dirigentes y responsables y determinan su propia forma de trabajo.  Nuestros frentes de trabajo deben actuar de forma abierta, con identidad propia y sin vacilaciones para llevar el programa y la línea hacía las masas.  Nuestros frentes son organizaciones vivas, no sólo siglas eleccionarias, entre contiendas electorales mantienen con el mismo vigor su trabajo en las masas.

Los frentes no tienen por qué mandar “infiltrados”, hacer “entrismo” o plantear doble-militancia, no tenemos por qué perder tiempo de forma infantil, a las organizaciones adversarias se las combate con trabajo, con propuestas, con gestión pero sobre todo con las masas.

Los revolucionarios no “amarramos”, no hacemos acuerdos a cambio de espacios de poder.  Sí llamamos a la unidad de las fuerzas de izquierda, anti-imperialistas y progresistas bajo un programa mínimo de lucha.  Estos acuerdos programáticos deben ser aprobados por la dirección partidaria.

Algunos en sus militancias anteriores han aprendido muchas formas de hacer política recurriendo a tácticas mezquinas y oportunistas, buscando espacios de poder con angurria.  La tarea del militante marxista-leninista es superarse constantemente, superar las desviaciones pequeño-burguesas que priman en organizaciones revisionistas y reformistas.   Los revolucionarios somos leales, puntuales y responsables.  Ingresar a la militancia partidaria exige lealtad, aquella persona que es desleal no merece el honor de militar en el Partido.

Debemos mantener la organización leninista, nuestra organización partidaria debe mantenerse secreta por la seguridad de la misma, somos una organización revolucionaria y debemos combatir el liberalismo en lo orgánico.  Debe quedarnos claro la línea política y los frentes de masas son públicos, la estructura orgánica no lo es.  Comprendamos que el Partido nos dará los elementos necesarios para cumplir con nuestras tareas, no necesitamos saber más, por nuestra seguridad y la de la organización.

Nos debe quedar claro que el objetivo es el poder popular y el socialismo, construir el Partido, organizar y concientizar a las masas.  Para éste objetivo los Centros, Sindicatos, Federaciones, Confederaciones son herramientas, son medios importantes que nos permiten organizar a las masas, difundir la línea, dirigir las luchas populares; pero no son el fin.  Con o sin estos espacios dentro de las estructuras sindicales debemos mantenernos en pie de lucha fortaleciendo nuestros frentes y nuestro Partido.

3 comentarios en “¿Cómo debe ser el militante revolucionario?”

  1. Buen artículo, no podemos hablar de revolución sin consolidar una moral comunista en quienes pretender combatir al capitalismo.

  2. La militancia revolucionaria, además de lo señalado por ustedes, es el mantener en alto la actividad crítica y auto-crítica sobre la conducta del conjunto de personas que dirigen una organización política considerada, máxime si se milita en ella, pues la esencia de la crítica y la auto-crítica es el cuidar del máximo de desviaciones en la ejecución de la línea política revolucionaria.

    La absoluta mayoría de partidos políticos que acogen como meta política la toma del poder por parte del proletariado en América Latina muestran una tendencia mayoritaria hacia el oportunismo económico-electoral y el revisionismo ideológico, como ocurre en la mayoría de los países de los demás continentes.

    El militante revolucionario debe combatir esas tendencias, por encima de las implicaciones personales que su actitud crítica le ocasione en su misma organización política, pues un partido que eluda la crítica nada tiene que ver con el ideal revolucionario, pues esa actitud esconde acciones torcidas que buscan esconderse de la mirada del pueblo en general.

    La falta de crítica y auto-crítica en las direcciones de Estados socialistas permitió el retorno al camino capitalista en la patria socialista, la URSS, que pasó de ser una una unión de repúblicas socialistas soviéticas a un Estado «pan-ruso» social-imperialista, ahora denominado por el presidente ruso Putin «Frente Popular Pan-ruso», luego ocurriría otro tanto con el retorno al camino capitalista en la República Popular de China.

    Los casos son variados y su presentación acomodada jamás ha podido -a la fecha- ocultar los retrocesos social revolucionarios evidentes, donde las teorías del siglo XXI muestran caminos de retorno ideológico al camino capitalismo, como ocurrió en el siglo XX con el «Euro-comunismo y sus aúlicos»

    Una tendencia conciliadora de clase considera que la lucha del proletariado del siglo XXI en momento alguno es la lucha por la toma del poder, pues la lucha fundamental es por una democracia ampliada, en consecuencia consideran que el monopolio de las armas debe quedar en manos del Estado.

    Considero que los compañeros bolivianos hicieron un escrito formal excelente, pero eludieron la esencia de la revolución, el de la crítica y auto-crítica de la práctica revolucionaria en América Latina durante los siglos XX y XXI, donde hay unos teóricos que afirman que en el Continente llegaron las teorías del marxismo adocenadas por las interpretaciones revisionistas que aun predominan.

    Dejemos los revolucionarios de usar a los procesos por los alias y precisemos su nombre, me explico, en vez de llamar a los falsos amigos del pueblo como «rábanos», «mamertos», «revisionistas» les podemos llamar «cómplices de la burguesía y los terratenientes», pues a las cosas se les llama por su nombre real.

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