De Brasil a Venezuela: guía para entender la corrupción en América Latina

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Por Jorge Gamarra
No es exagerado decir que en estos momentos el problema más importante de América Latina es el problema de la corrupción. La debacle del llamado socialismo del siglo XXI se debe en buena medida a la traición de los ideales de honestidad y transparencia prometidos. El egoísmo autónomo ha devorado desde adentro casi toda la institucionalidad democrática. Es muy probable que no nos estemos dando cuenta de la magnitud del problema. El abuso de poder en beneficio propio ha llegado a envolverlo todo con sus tentáculos.
La corrupción es una falla orgánica de la esfera política y el mundo de las grandes empresas que tiene un efecto corrosivo en las bases de la sociedad. Conduce a un estado de patetismo en el que nada se sostiene por sí mismo si no es por medio de la violencia. Una vez que la obsesión por el lucro desmedido y la fascinación con el poder político se encuentran, el resultado siempre es el mismo: la feroz traición.
El caso Obredecht es evidencia prácticamente incuestionable de que existe un esquema de corrupción sistemática en la red gubernamental latinoamericana.
La operación Lava Jato
Comenzada en 2013, la operación Lava Jato (lavado de coches en portugués), la iniciativa anticorrupción que se hizo pública el 17 de marzo de 2014 en Brasil, sacudió la escena política de ese país con más fuerza que un terremoto. La detención de Marcelo Odebrecht y Andrade Gutiérrez, los presidentes de las dos mayores empresas constructoras del país, sacó a la luz la existencia de una red de corrupción que lo ha contaminado todo. Las declaraciones de Alberto Yousef, experto en lavado de dinero, y Paulo Costa, ex autoridad de Petrobrás, quienes figuran entre los primeros detenidos, prendieron un incendio mediático que no termina de apagarse.
Mediante el uso de cuentas privadas en paraísos fiscales como Suiza, Panamá y Mónaco, altos funcionarios de la estatal Petrobrás —empresa que repartió como naipes contratos en beneficio de sus corruptores— fueron sobornados con el objetivo de beneficiar al club de compañías que se adjudicaban licitaciones a dedo. Cerca de 230 millones de dólares fueron utilizados para comprometer con la red a importantes autoridades políticas, desde Fernando Cardoso hasta Michel Temer, pasando por Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Roussef.
La red de corrupción operó desde 2002 hasta el presente. El testimonio de los detenidos y los documentos que fueron descubiertos revelan que Petrobrás desvió más de 2 mil millones de dólares y que los beneficiados fueron un sinnúmero de empresarios y políticos de gran alcurnia, importantes figuras de la escena pública brasilera.
Los hallazgos de las investigaciones policiales dan a pensar que para ser alguien en el Brasil hay que estar necesariamente vinculado al negocio de los fraudes.
Las constructoras pagaban cerca del 3 por ciento de sus beneficios por las licitaciones a políticos y funcionarios, a cambio de contratos ipso facto. El club de empresas sobornantes llegó a funcionar como un cartel capaz de inflar su valor mediante la manipulación de los precios de los contratos. El esquema utilizado, que comenzaba con el galanteo con presidentes y gobernadores y terminaba con la firma de contratos, fue repetido hasta el hartazgo sin que nadie diga nada.
El 5 de mayo de 2016, Eduardo Cunha, presidente de la cámara legislativa, la tercera persona más poderosa del Brasil, fue acusado de corrupción y suspendido de su cargo. El 17 de noviembre de 2016, el ex gobernador de Rio de Janeiro, Sergio Cabral, fue detenido por la desviación de 60 millones de euros. El 19 de mayo del presente año, el odiado déspota Michel Temer fue denunciado por el fiscal general del Brasil por recibir sobornos y un mes después, su ex aliado y ahora enemigo declarado, el ex presidente Lula da Silva, tras recibir una acusación formal del fiscal general el 9 de marzo de 2017, fue condenado a 9 años y medio de prisión por recibir dádivas y hacer lavado de dinero, además de vender proyectos de ley express y ser dueño de dos inmuebles —uno de ellos obsequio de OAS— cuya procedencia nunca fue declarada al fisco. Ambos políticos, poco emparentados ideológicamente, cumplieron correctamente su papel dentro de la logia corrupta, vinculada a la construcción de más de 750 obras en la región.
Odebrecht tiene presencia prácticamente en toda Latinoamérica y sus asombrosos amagues burlaron el escrutinio judicial en todas partes. La red de sobornos involucra a autoridades de gobiernos de diverso color ideológico. Por medio de intermediarios que disimulaban el vínculo entre sobornadores y sobornados, muchos partidos políticos recibieron grandes cantidades de dinero que fueron utilizadas durante sus campañas.
El club de amigos
El 27 de octubre de 2010, Emilio Odebrecht sorprendió a Lula da Silva en su fiesta de cumpleaños con dos regalos muy especiales: un paquete de cien ejemplares del libro biográfico sobre su madre, Dona Lindu, y una maqueta del estadio Arena Corinthians, el campo deportivo que hace homenaje al equipo de fútbol favorito del ex mandatario y que en 2014 sirvió para inaugurar el mundial de fútbol celebrado en el país que ha ganado más copas. La empresa de Odebrecht fue la constructura que se hizo cargo de la obra. Lula le otorgó su íntima confianza en virtud de su amistad con el generoso empresario.
Siete años después, Emilio Odebrecht, ya privado de la pomposidad que se permitía como constructor predilecto de los gobernantes latinoamericanos, sentado en el banquillo de los acusados, reconoció que su relación con el difunto Hugo Chávez era casi tan especial como la que tenía con Lula, y que fue eso lo que hizo que el comandante de la revolución bolivariana pidiera a su constructora que se hiciera cargo de las obras de puerto de Mariel en Cuba. Si las cosas hubieran marchado bien, Lula habría autorizado el financiamiento del proyecto desde su posición de máxima autoridad del Brasil, a modo de mostrar solidaridad con su amigo venezolano.
En condiciones normales, Odebrecht nunca hubiera considerado la ejecución de una obra así, en Cuba. Sin embargo, su amistad con Chávez y Lula lo llevó a reconsiderar la posibilidad.
El chavismo, el movimiento político inspirado en la figura del afable caudillo, confió algunos de sus más importantes proyectos de infraestructura a la compañía de Odebrecht, lo cual el solícito empresario aceptó con complacencia. No eran poco frecuentes las referencias de Chávez al carácter ejemplar de los empresarios brasileros. El puente Nigale, la línea cinco del metro de Caracas, el puente Mercosur, el metro de Guatira y el metro Los Teques son todos proyectos adjudicados al empresariado del desarrollo nacional autónomo. Los sobreprecios y el retraso en el cumplimiento de las fases de las obras nunca preocuparon demasiado al gobierno venezolano. Chávez siempre creyó haber puesto en buenas manos los 5 mil millones de dólares presupuestados.
Ollanta Humala, el ex presidente peruano, quien logró conquistar al electorado de su país después de abandonar su imagen de nacionalista revolucionario para pasar a mostrarse como un juicioso y discreto liberal, es otra de las amistades compartidas por Odebrecht y Lula. En 2011, como un amigable gesto de simpatía, el empresario brasilero aportó 3 millones de dólares a su campaña, cosa que, de forma bastante ingrata, el ex mandatario niega. La ley peruana prohíbe recibir este tipo de regalos. No obstante, en 2006, Humala aceptó un buen monto de dinero que Chávez obsequió a su cruzada electoral.
La donación de Odebrecht a Humala forma parte de los 29 millones de dólares pagados en calidad de sobornos. Alejandro Toledo y Pedro Pablo Kucsynski, el primero ex presidente y el segundo actual mandatario del país andino, figuran en la lista de beneficiarios.
Correa anunció “que enviará a Brasil a una delegación para recabar información sobre el caso de sobornos efectuados por la constructora brasileña”.
El propio Correa aceptó después que “entre 2007 y 2016, Odebrecht hizo pagos corruptos por valor de más de 35,5 millones de dólares a funcionarios del Gobierno, sin admitir responsabilidad alguna.
La destitución de Dilma Rousseff, heredera del trono que Lula levantó para sí con su denodada defensa de los pobres, significó un duro golpe para la cofradía. El 31 de agosto de 2016, el proceso de impeachment iniciado en su contra resultó exitoso. Trece años de gobierno del Partido de los Trabajadores llegaron a su fin, y el antipático Michel Temer, también amigo de Odebrecht, se hizo con la corona de oro de la presidencia del Brasil.
En Costa Rica, Odebrecht tuvo la fortuna de recibir 33 millones de dólares por la ejecución de las obras de la ruta San José y San Ramón. En Colombia, tierra privada de las dadivosas políticas populistas del movimiento bolivariano, la constructora brasilera llegó a convertirse en la séptima constructora más importante, con ingresos de más de 150 millones de dólares y cinco obras a cargo suyo.
Como consecuencia de todos estos vaivenes, el mito de Lula, el lustrabotas convertido en exitoso político, quedó profundamente dañado. El presidente brasilero que se hizo fama gracias al modesto éxito de sus medidas contra la pobreza, hoy es visto por buena parte de la opinión pública como un hábil político que se sirvió de su posición para enriquecerse a espaldas de la legalidad.
Por su parte, Odebrecht, el acaudalado constructor cuya fama no conoce fronteras, hoy permanece detenido a la espera de que la caja de pandora termine de abrirse, mientras más amigos suyos aparecen en la lista negra de los delitos de guante blanco.
La OAS en Bolivia
En 2012, OAS, la poderosa constructora que también forma parte del club de empresas sobornantes, terminó convirtiéndose en la cabeza de turco del gobierno de Evo Morales poco antes de que su segundo enfrentamiento con los habitantes del parque nacional TIPNIS llegara a un cuarto intermedio. Al momento de anunciar su expulsión, el presidente boliviano la acusó de haber obrado con irresponsabilidad, al incumplir las condiciones de su contrato. Ya en 2008, el diseño final de la carretera fue elaborado por la empresa, pese a que el proyecto era aún desconocido en Bolivia.
Fue José María Bakovic, ex presidente del Servicio Nacional de Caminos, hostigado judicialmente y hoy difunto, quien en determinado momento, por razones que no están muy claras, decidió expulsar a Odebrecht del país y, pasado un tiempo, denunció las irregularidades en el trabajo de OAS.
OAS no sólo tiene bajo su responsabilidad el proyecto de la carretera del parque TIPNIS. La polémica empresa, cuestionada en el Brasil por su poca responsabilidad social y ambiental, tiene a su cargo varias otras construcciones viales como la carretera Potosí Uyuni, la cual tiene gran importancia económica por su relación con la explotación de la reserva boliviana de litio. También tiene a su cargo la ruta Potosí Tarija, de 410 kilómetros de extensión, financiada con dinero del Banco do Brasil.
Fue el 9 de abril de 2012 cuando Morales decidió notificar a la empresa de la resolución del contrato, estableciendo condiciones que llamaron la atención en su momento por su carácter confuso. De los tres tramos de la carretera, dos fueron declarados suspendidos mientras uno no. Durante un encuentro en la Cumbre de las América, Morales le hizo saber a su homóloga Dilma Rouseff que él daba el impase por superado. La empresa fue indemnizada tras un proceso de negociaciones con el gobierno boliviano.
En el Brasil, OAS ha sido acusada de operar de forma irregular, manejar inadecuadamente varias obras urbanas de gran tamaño e incurrir en el tráfico de influencias. Se detectaron irregularidades en la construcción de la nueva sede del Tribunal Regional Federal en Brasilia tras una auditoría: se hicieron pagos sin que los servicios sean cumplidos.
Influyentes políticos como la senadora Katia Abreu fueron señalados por haber recibido dinero de parte de la constructora. Numerosas elecciones estatales fueron manchadas por la sospecha de que OAS influyó en el resultado, con el objetivo de ponerse a salvo de posibles cargos por daños estructurales a obras como la terminal ferroviaria de Sao Paulo.
En un informe de un total de 39 páginas, la empresa resumió su diagnóstico sobre las condiciones para la ejecución de la carretera que partirá el TIPNIS en dos. En dicho documento, se señala que la construcción de un camino de penetración es una necesidad que data de la Colonia, que la ruta es necesaria para integrar la actividad comercial del Oriente con los mercados del Pacífico, que se necesita hacer un trabajo medioambiental complicado y que el relacionamiento con las comunidades es de cuidado.
El precio de referencia para la ejecución de la obra es de 436 millones de dólares. El informe que explica la propuesta de estimación de precios, elaborado en 2008, toma en cuenta componentes como el costo directo (70 por ciento del total), servicios de consultoría (4 por ciento del total) y la curiosa categoría ‘consideraciones adicionales’, que suma 100 millones de dólares (26 por ciento del total). Algunas asociaciones de ingenieros del país juzgaron como innecesario este último componente, debido a que el rubro costo directo incluye los montos destinados a mitigación ambiental, transporte y manejo de la inoperatividad.
La tranquilidad de Morales
Gabriela Zapata, la misteriosa amante que tuvo una relación sumamente íntima con el presidente Morales y cuyos intercambios no están del todo claros, es un archivo viviente de las negociaciones e intercambios de favores que el mandatario boliviano tuvo con Lula da Silva durante todos estos años. Es posible que mucha información esté siendo puesta a buen recaudo mediante el silenciamiento de la afamada seductriz.
No es posible afirmar que la operación Lava Jato haya revelado vínculos directos entre Morales y los negociados de Odebrecht a nivel continental. Sin embargo, son muchos los indicios que apuntan a que sí, Morales, íntimo amigo tanto de Chávez como de Lula, tuvo algún tipo de papel en el esquema de maniobras corruptas. Hay ciertos vasos comunicantes entre los casos CAMC, OAS, Odebrecht y Petrobrás.
Que el objetivo de la carretera que le hará un profundo tajo al parque TIPNIS tiene como objetivo facilitar la búsqueda y explotación de recursos no renovables (gas, petróleo) es una conjetura que no debe ser descartada pero que aún está por comprobarse.
Entre tanto, Morales puede estar tranquilo. Mientras nadie similar a Bakovic reitere sus acusaciones de que OAS financió sus compañas de Morales y las de Lula a cambio de la concesión de importantes obras como la carretera Villa Tunario – San Ignacio de Moxos, el Proceso de Cambio está a salvo.
El pedido del inhábil opositor, Tuto Quiroga, de que se abra una investigación para determinar cuáles son los vínculos entre Lula, Morales y OAS, no ha llegado a calar lo suficiente en la opinión pública. Si bien existen importantes motivos para creer que las corporaciones brasileras y su red de chantaje llegaron a operar en el país y a desarrollar.
Ramsés, el afamado adivinador, dijo a comienzos de este año a un periódico local que Morales debería estar preocupado por lo que se revelará durante 2017 dentro del caso Odebrecht con relación a su persona. Sus pronósticos para el dirigente cocalero convertido en feroz caudillo no fueron muy positivos. Sin embargo, por el momento, no hay de qué preocuparse. El caso Odebrecht tiene más castigados a los colegas de Morales en vecinos países que a él.
En tanto no se descubra un vínculo claro entre Lula, OAS, Petrobrás, la carretera del TIPNIS y Morales, éste último puede estar tranquilo.

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