El Semi-Bonapartismo de Evo Morales

Simón Arancibia (Miembro del Buró Político del PCR)

“Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado.” (Marx 1981:95)

¿Qué es bonapartismo?

Carlos Marx, entre diciembre de 1851 y marzo de 1852, escribe El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, en el que analiza desde el materialismo histórico el proceso de acumulación de fuerzas que dieron como fruto el Golpe de Estado de Luis Bonaparte (2 de diciembre de 1851). El estudio científico de los procesos históricos debe partir de un análisis de la lucha de clases, cabe destacar que el ciclo político que describe Marx nace con la Revolución de Febrero de 1848 que dio lugar a la abdicación del Rey y el inicio de la Segunda República, a pesar de la imponente presencia cuantitativa del proletariado en las luchas por la transformación social, la burguesía conquista la hegemonía política. La burguesía se establece en el aparato estatal y en Junio de 1848 aplica medidas antipopulares, ante la protesta obrera (Jornadas de Junio) el gobierno declara estado de sitio y reprime los manifestantes. Al haber derrotado políticamente a la clase obrera, las distintas fracciones de la burguesía (comercial e industrial) y pequeña burguesía entran en pugnas abiertas por el manejo del aparato estatal. La solución de las pugnas entre fracciones de la burguesía no se hallaría en la Asamblea Nacional ni en los Partidos, sino en el papel conciliador de Luis Bonaparte.

Luis Bonaparte no era de origen burgués sino campesino parcelario, Marx indica que:

“La dinastía de Bonaparte no representa al campesino revolucionario, sino al campesino conservador; no representa al campesino que pugna por salir de su condición social de vida, la parcela, sino al que, por el contrario, quiere consolidarla; no a la población campesina, que, con su propia energía y unida a las ciudades, quiere derribar el viejo orden, sino a la que, por el contrario, sombríamente retraída en este viejo orden, quiere verse salvada y preferida, en unión de su parcela, pro el espectro del imperio. No representa la ilustración, sino la superstición del campesino, no su juicio; sino su prejuicio, no su porvenir, sino su pasado.”(Marx 1981:172)

Para Diciembre de 1848, Bonaparte, presidente electo con un apoyo mayoritario del campesinado francés en calidad de Presidente y dentro del aparato estatal existe una pugna entre la potestad del ejecutivo frente al legislativo, cuyo resultado es la victoria “de la fuerza sin frases sobre la fuerza de las frases.” (Marx 1981:169)

La burguesía (comercial e industrial) ante la situación de crisis sufre un quiebre orgánico entre los ‘representantes’ políticos (Partidos y parlamentarios) y la burguesía extraparlamentaria:

“La masa extraparlamentaria de la burguesía, con su servilismo hacia el presidente, con sus insultos contra el parlamento, con el trato brutal a su propia prensa, empujaba a Bonaparte a oprimir, a destruir a sus oradores y sus escritores, sus políticos y sus literatos, su tribuna y su prensa, para poder así entregarse confiadamente a sus negocios privados bajo la protección de un gobierno fuerte y absoluto.” (Marx 1981:159)

La burguesía cede el papel de conciliador a Bonaparte, quien intenta constituirse en el “bienhechor patriarcal de todas las clases”, pero como sentencia Marx “no puede dar nada a una sin quitárselo a la otra.” (1981:178) El gobierno de Bonaparte se caracteriza por el reparto indiscriminado de recursos públicos, incremento de obras públicas como mecanismo de sumisión a las autoridades regionales, demagogia ensalzando los valores ‘democráticos’, el engrosamiento del aparato burocrático estatal, el Estado fuerte y autoritario con la preponderancia del ejército y el manejo de grupos lumpenescos delincuenciales (Sociedad del 10 de Diciembre) con fines políticos. En esta coyuntura se hace indispensable la prórroga en funciones públicas ya que el Estado se concentra en una sola persona – Bonaparte.

Lenin caracteriza al bonapartismo como “un poder estatal apoyado en la camarilla militar (en los peores elementos del ejército), que maniobra entre dos clases, dos fuerzas hostiles, más o menos equilibradas entre sí”, en el ámbito discursivo emplea “las bellas frases especialmente de moda acerca de la salvación de la patria (que encubren el deseo de salvar el programa imperialista de la burguesía).” (1976:303) Lenin explica que el bonapartismo “surge, dadas ciertas relaciones entre las clases y su lucha. No obstante, reconocer la inevitabilidad del bonapartismo no significa de ningún modo olvidar la inevitabilidad de su derrota.” (1976:304)

El bonapartismo en Bolivia

Zavaleta explica en sus estudios dos momentos bonapartistas o semi-bonapartistas en la historia reciente del país – los gobiernos militares de Ovando y de Torres. El primero nace según Zavaleta en un contexto del fracaso de la política económica y diplomática de los Estados Unidos en Bolivia y del fracaso de la izquierda ideológica en Bolivia. Explica las inmensas contradicciones del gobierno de Ovando que:

“despreocupándose de la conquista del apoyo minero y al mismo tiempo estatizando las exportaciones mineras, persiguiendo inmediatamente al dirigente principal de los trabajadores y a la vez nacionalizando la Gulf, ofreciendo romper la cuarentena a Cuba con el petróleo boliviano y al mismo tiempo conservando en una cruel prisión a Debray, ofrece la imagen típica de un gobierno bonapartista.” (Zavaleta 2011:656)

El papel de conciliación entre las Fuerzas Armadas y las masas populares, entre los intereses imperialistas y los intereses populares, el bonapartismo en Bolivia, como país atrasado supone “la superposición supraclasista, vertical, antiimperialista, que suele paralizarse en su propio juego defensivo pero que se propone el servicio político de… la realización de la nación moderna.” (Zavaleta 2011:650) En el caso de Torres, asume el poder como resultado del intento de golpe fascista y la resistencia popular dirigida por la COB, por lo tanto el contexto político supone una mayor fuerza política de la clase obrera. “Torres fue un azar favorable para la izquierda pero no una construcción sistemática y coherente de la izquierda” (Zavaleta 2011:336), la organización de la Asamblea Popular, sin precedentes en la historia latinoamericana, da el reto a las organizaciones sindicales y partidos de izquierda de asumir un papel protagónico en la pugna por el poder.

Los gobiernos bonapartistas o semi-bonapartistas de Ovando y Torres, según Zavaleta son “cierto extraño triunfo ideológico de esa izquierda pero al precio de su propia validez práctica en el poder” (2011:649) ya que “nuevamente, una izquierda nacionalista, híbrida y eficiente, roba el programa a la izquierda ideológica, que se ve obligada a adaptarse a hechos que no ha podido dirigir.” (Zavaleta 2011:655) Al igual que la Revolución Nacional del 52, las consignas, los programas y el discurso de izquierda había sido instrumentalizado por el nacionalismo con mayor eficiencia. La izquierda puede reivindicar el triunfo ideológico, ya que sus ideas se ponen en marcha (aunque de manera abstracta, incompleta y superficial) pero por otro lado es cuestionada su capacidad de ejercer el poder político en el país.

El semi-bonapartismo de Evo Morales

La elección de Evo Morales en 2005 representa un quiebre con la ‘democracia pactada’, la acumulación de fuerzas y la resistencia popular (Marcha por la Vida, Marcha por el Territorio y la Dignidad, Guerra del Agua, Guerra del Gas, etc) abre las posibilidades para una transición hacia un gobierno alternativo. Los conflictos generados entre el estado central y la ‘media luna’ (con una esencia racista, fascista y reaccionaria) obligan a la burguesía agro-industrial y bancaria a negociar con la emergente burguesía comercial, dando como resultado el texto Constitucional pactado entre el MAS y los parlamentarios opositores (el primer texto con grupos de UN en la Asamblea Constituyente y el texto final con PODEMOS en el Senado). Si bien la Constitución Política del Estado de 2009 comprende un avance progresivo en derechos sociales, su esencia es de respeto a la gran propiedad privada sobre los medios de producción, es decir del sistema capitalista.

Luego de la aprobación de la nueva Constitución, la oposición burguesa no ha sido capaz de articular un proyecto político nacional, pero esta falta de articulación no se debe únicamente a la incapacidad de los operadores políticos sino a un fenómeno de quiebre orgánico entre la burguesía extraparlamentaria y la oposición burguesa a nivel nacional. La burguesía aún mantiene sus estructuras políticas para la administración política municipal y departamental, sin embargo no considera necesario disputar el poder ejecutivo ya que sus intereses económicos se ven resguardados por el gobierno del MAS, muestra clara es el crecimiento inédito en los sectores agro-industriales y bancarios. La estabilidad que brinda el gobierno de Evo Morales para sus ‘socios’ transnacionales y acreedores internacionales, junto a los buenos precios de hidrocarburos y minerales que gozaba al inicio del gobierno, permite el flujo económico necesario para las políticas de redistribución económica (bonos, etc).

Se manifiesta la centralización del estado en la personalidad de Evo Morales, es decir, la ejecución discresional de proyectos mediante el programa Evo Cumple, el manejo exagerado de la imagen del presidente en todos las obras estatales, la sumisión vergonzosa de los órganos legislativo, judicial y electoral a la voluntad personal del máximo ejecutivo. Junto a la centralización del estado se ha engrosado las filas de la burocracia estatal, mediante la prebendalización de cargos públicos, y existe una creciente tendencia autoritaria y represiva, ejemplos sobran de quienes han sido víctimas de la represión estatal: TIPNIS, Achacachi, ENATEX, Discapacitados, Universitarios, etc. Se mantiene un control férreo sobre las direcciones sindicales mediante la prebenda y corporativización, empleando los ‘movimientos sociales’ como grupo de choque en casos necesarios, y recurriendo a la persecución política y judicialización para mantener callados a los sectores rebeldes.

Si bien Evo Morales, a diferencia anteriores gobiernos (semi-)bonapartistas en Bolivia como Ovando o Torres, no es militar de carrera, ha logrado establecer un consenso con el alto mando militar en base a bonos y el compromiso de no desclasificar los archivos de la dictadura (supuestamente inexistentes). Este pacto va de la mano con el discurso chovinista y patriotero, contra el ‘imperio’, que busca la polarización de la idea del cambio social frente a lo viejo (neoliberal, etc). Al igual que Ovando manifiesta constantes contradicciones internas al buscar consensuar el discurso radical con la política reaccionaria, al buscar el equilibrio entre los intereses de sus ‘movimientos sociales’ y los intereses de sus ‘socios’ transnacionales.

La Re-re-re-elección de Evo Morales

El bonapartismo no es un modo de producción, sino una forma de gobierno del Estado Capitalista, que se produce como una respuesta transitoria a situaciones de crisis, el carácter conciliador (“no puede dar nada a una sin quitárselo a la otra”) obliga a que la relación de fuerzas en la lucha de clases eventualmente resuelva la situación transitoria. Para mantener un gobierno bonapartista, es imprescindible el Bonaparte como personificación del Estado.

La necesidad de mantener a Evo Morales como presidente para mantener el equilibrio entre las fracciones de la burguesía, choca con el fetichismo legalista de la pequeña burguesía (fundamentalmente urbana) de defender de forma abstracta la ‘democracia’ y la Constitución Política del Estado. Sumado a este fenómeno, el rechazo a los actos de corrupción y de autoritarismo desde el Estado genera un resultado electoral de derrota para el oficialismo el 21-F en su intento de alterar los artículos constitucionales para viabilizar la re-elección de Evo en 2019 (luego de haber autorizado una segunda re-elección mediante el Tribunal Constitucional en 2014).

El 28 de noviembre, el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) dio a conocer la Sentencia Constitucional Plurinacional 0084/2017, instruyendo la aplicación preferente del artículo 23 de la Convención Americana sobre los Derechos Humanos frente a los artículos 156, 168, 285.II y 288 de la Constitución en las frases “por una sola vez de manera continua” y “de manera continua por una sola vez”; luego declara la inconstitucionalidad de las mismas frases en la Ley del Régimen Electoral. Lo que significa este fallo en los hechos es que las autoridades electas a nivel nacional no tendrán que sujetarse a las normas constitucionales y legales que limita(ba)n la re-elección. Evo Morales tiene la vía libre para volver a ser candidato presidencial en las elecciones generales de 2019.

Se puede cuestionar la legitimidad de la decisión del TCP contrastándola con el voto mayoritario del 21-F contra la reforma parcial de la Constitución, también se puede cuestionar la propia legitimidad de los magistrados del TCP (por la poca votación recibida en 2012 y el enjuiciamiento a magistrados titulares del TCP), se puede cuestionar los propios fundamentos legales de la sentencia. Sin embargo la esencia de la Sentencia no es de legalismos, ni siquiera de legitimidades sino de la necesidad política de mantener el statu quo en el país para garantizar el Estado fuerte que afrontará la crisis económica, en este interés coinciden las diversas fracciones de la burguesía boliviana.

¿Cómo debe actuar la izquierda?

“El desarrollo de los acontecimientos bolivianos deja, como otra de sus enseñanzas para la izquierda, que ésta debe tratar de tener siempre la iniciativa; que, una vez que logre un aparato correspondiente al nivel del ascenso de las masas (lo que no ocurrió), debe apoderarse de la iniciativa para no soltarla más.” (Zavaleta 2011:341)

El punto de partida para la izquierda boliviana es comprender y caracterizar correctamente la naturaleza del gobierno de Evo Morales, punto en el que la izquierda tradicional ha fracasado rotundamente. Por un lado el oportunismo que se pone de cola de furgón del gobierno de Morales, justificando su tibieza con el discurso supuestamente anti-imperialista y las medidas populistas. Por otro lado el infantilismo que une sus gritos a los partidos de la oposición burguesa para caracterizar el gobierno como una dictadura (fascistoide, etc.) y defender como máxima la Constitución Política del Estado y la democracia liberal. Ambas posturas ceden el papel de dirección a las diversas fracciones de la burguesía, limitándose a ser fuerzas auxiliares bajo un programa supuestamente ‘democrático’.

Partamos de los conceptos marxistas: todo Estado es la dictadura de clase social sobre otra; la democracia liberal no es más que la legitimación del dominio de la burguesía sobre el proletariado. La Constitución no es más que un pacto social entre fracciones de la burguesía para establecer las normas de convivencia y asegurar la ‘sagrada’ propiedad privada sobre los medios de producción. No se pueden negar las diferencias entre regímenes de democracia liberal y regímenes de facto, así como no se pueden negar los diferencias en términos de derechos políticos entre distintos textos constitucionales, pero estos matices no varían la esencia clasista de todo estado y de todo gobierno.

Debemos comprender que Evo Morales, como semi-bonapartista, cumple un papel de conciliación y equilibrio entre fracciones de la burguesía (agroindustrial, comercial, bancaria) en pugna. El Estado, a pesar de llevar el rótulo Plurinacional, jamás dejó de ser un estado burgués cuyo papel es de resguardo de la propiedad privada sobre los medios de producción. Lenin instruye que en situaciones bonapartistas el Partido debe tener “sensatez y capacidad para ver y decir de las cosas como ellas son.” (1976:204)

Siguiendo las orientaciones leninistas se debe demostrar a las clases trabajadoras la esencia del gobierno bonapartista, acumular fuerzas para derrocar el Bonaparte y conquistar el poder, cuidando de no jugar a la insurrección sino dar golpes certeros, planificados, dirigidos por el estado mayor del proletariado (su Partido). Lenin advierte que:

“El partido del proletariado tiene plena posibilidad de elegir la táctica y la forma, o las formas, de organización, de modo tal que las repentinas (aparentemente repentinas) persecuciones, de los bonapartistas no puedan, en ningún caso, poner en peligro su existencia y su sistemática prédica al pueblo.” (1976:305)

El papel de los revolucionarios bolivianos es seguir construyendo nuestro Partido Comunista Revolucionario, como vanguardia que deberá ser capaz de organizar la Revolución y llegado el momento indicado dirigir la insurgencia popular hasta la conquista del poder popular y la construcción del Socialismo. Debemos estar dispuestos y preparados para combinar todas las formas de lucha, de manera que tengamos la capacidad de enfrentarnos en las urnas y en las calles, y seguir organizando con fuerza en las fábricas, minas, campos, colegios, universidades y barrios. Debemos tener la certeza que el porvenir será socialista, y las mayorías trabajadoras, con claridad política y lucha consecuente lo conquistaremos.

Bibliografía:
MARX, C. & ENGELS, F. (1981) Obras Escogidas. Moscú: Progreso.
LENIN, V. (1976) Obras Completas. Tomo XXVI. Madrid: Akal.
ZAVALETA, R. (2011) Obra Completa. Tomo I. La Paz: Plural.

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