ITALIA| Se profundiza la crisis política de la burguesía

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El resultado de los votos contabilizados y la creciente abstención (27,1% del electorado, equivalente a cerca de 12,5 millones de ciudadanos) en las elecciones del 4 de marzo revelan una amplia protesta popular, antisistema y anti-UE. Decenas de millones de obreros, de trabajadores, de desempleados, de mujeres del pueblo, han negado su apoyo a los tradicionales y corrompidos partidos que han gobernado en las últimas décadas. Muchas de esas personas, sin una conciencia de clase y decepcionadas por la izquierda burguesa, se han encomendado a los partidos populistas y xenófobos, creyendo que con ellos se va a cambiar y salvaguardar sus intereses. Posiblemente sólo el desarrollo de la lucha de clases y el trabajo de los comunistas logrará cambiar esa posición.

De las urnas ha salido un multipolarismo sobre bases territoriales, que refleja la desigualdad y la disgregación de la Italia burguesa, amplificadas por la apisonadora neoliberal, el largo estancamiento y la política de austeridad. Ninguna fuerza política tiene la mayoría absoluta en Parlamento. La dificultad para formar un gobierno dirigido por los abanderados de la oligarquía financiera, apoyado en un bloque cohesionado, evidencia la crisis de hegemonía de la burguesía italiana y el proceso de diferenciación y radicalización política de la pequeña burguesía.

La coalición de derecha consiguió el 37% de los votos, pero no le basta para gobernar. En esa coalición se han roto los equilibrios, con el avance de la Liga, que ha obtenido acerca de 5,5 millones de votos (unos 4 millones más respecto a las anteriores elecciones), llegando al 17,5%, y con la caída del partido de Berlusconi, que llega a su mínimo histórico. La derecha se caracteriza cada vez más por sus posiciones racistas, xenófobas y chovinistas. Los sectores más agresivos del capital monopolista tratarán de apoyar a esta coalición, agrupando a otras fuerzas, para solucionar el problema del gobierno y ampliar la ofensiva contra el movimiento obrero y sindical.

La lista del Movimiento Cinco Estrellas (M5S) ha triunfado al obtener para la Cámara más de 10 millones de sufragios (32,2% de los votos válidos). Es pues el principal partido político. Ha sido respaldado masivamente en el sur del país y ha recogido buena parte de los votos perdidos por el Partido Democrático. El M5S es ahora el nuevo epicentro de los juegos parlamentarios, pero no tiene aliados y no puede gobernar solo. Este movimiento, de tipo populista e interclasista, recoge el descontento político. Se presenta como fuerza de ruptura con el sistema, pero es totalmente incapaz de llevar a cabo una lucha organizada contra el régimen burgués, y por lo tanto no podrá solucionar ninguno de los problemas fundamentales económicos, sociales y políticos. Sus jefes están dispuestos a asumir retrocesos y decisiones antipopulares con el fin llegar al Palacio Chigi, sede del gobierno italiano.

El Partido Democrático (PD) ha sufrido una derrota política al recoger sólo el 18,7% de los votos válidos (ha perdido cerca de 2,8 millones de votos respecto a las anteriores elecciones). Sus bases regionales están desarticuladas y reducidas a la mínima expresión. Este partido ha llevado a cabo en los últimos años la función de ser el principal puntal político del capital financiero. Con Renzi, ha impuesto leyes antiobreras y antipopulares como la reforma del código laboral y la contrarreforma de la educación; ha tratado de modificar la Constitución democrático-burguesa; ha apoyado la política de guerra imperialista. Antes con el referéndum, y después con el voto del 4 de marzo, los trabajadores y los jóvenes han castigado a este partido liberal-reformista y echado a su arrogante jefe. A la gran burguesía se le plantea un problema serio, porque no tiene otro gran partido en el que apoyarse. Algunos sectores proponen una alianza del PD con el M5S, para alcanzar el número de votos necesarios. La dimisión tardía de Renzi puede impedir esta opción y favorecer a la derecha.

Los socialdemócratas, los oportunistas y los revisionistas, afectados por el derrumbe del PD, han fracasados en todos sus proyectos electorales. En cuanto a “Libres e Iguales”, su mediocridad política no ha tenido ninguna capacidad de atracción hacia obreros y jóvenes. La tentativa de relanzar a la burocracia política y sindical socialdemócrata ha fracasado, pero los pocos diputados conseguidos podrán ser utilizados por un gobierno “de emergencia”.

El punto porcentual obtenido por la ecléctica coalición radical “El poder para el pueblo” es la enésima demostración de que no se puede construir una alternativa popular de izquierda sobre ilusiones electorales y parlamentarias, sin la dirección de la clase obrera, y con listas repletas de reciclados. El paupérrimo resultado obtenido por el partido de Rizzo demuestra que no bastan los símbolos y la propaganda sin contenidos políticos, revolucionarios, para salir de la derrota transitoria del socialismo y remontar la pendiente.

Con el resultado electoral se abre un nuevo capítulo de la crisis política e institucional italiana. El derrumbe de Renzi y el debilitamiento de Berlusconi han hecho naufragar el proyecto neo-centrista, que apuntaba a un gobierno de “gran coalición” sustentado por la Troika.

La crisis italiana es tan profunda, tanto se ha roto la cohesión entre las clases poseedoras, que un “gobierno burgués de clase” con un programa homogéneo, capaz de consolidar el bloque dominante y hegemonizar las clases medias es hoy imposible.

En las próximas semanas saldrán a la luz las contradicciones de los partidos burgueses y pequeñoburgueses. Veremos maniobras, navajazos por la espalda, transformismos, injerencia de los “mercados financieros” y las potencias extranjeras (UE, EEUU, Vaticano) en la vida política italiana. Buscarán por todos los medios favorecer la formación de un gobierno antipopular y europeísta que continúe el desmantelamiento de las conquistas y los derechos de los trabajadores, las contrarreformas institucionales, la política de guerra.

Nos espera un período en el que el ataque capitalista será aún más duro y los conflictos de clase asumirán un carácter más abierto y áspero. En esta situación es un delito dejarse paralizar por los reformistas, que harán cualquier cosa para frenar y dividir las luchas, frenar la iniciativa de las masas por la burocracia sindical.

Es urgente la unidad de lucha de todas las fuerzas del proletariado y, sobre su base, la más amplia unidad popular contra la ofensiva capitalista, la reacción política y las amenazas de guerra, para que la paguen los capitalistas y los parásitos, para romper definitivamente con el neoliberalismo y con el sistema que lo produce.

La condición esencial para romper el poder de los monopolios y los ricos es la formación de una amplia coalición de todos los sectores de la clase trabajadora, basada sobre la clase obrera. Una fuerza decidida a terminar con el capitalismo y por la movilización y la formación de organismos de masas (Consejos, Comités, Asambleas, etc.), en oposición al Parlamento burgués, para llevar a la calle la única alternativa posible y necesaria: un Gobierno de los obreros y los trabajadores explotados.

Para avanzar con esta perspectiva revolucionaria, los comunistas y los elementos de vanguardia del proletariado tienen que separarse clara y definitivamente de los oportunistas de todo tipo y unirse en un Partido político independiente y revolucionario del proletariado, opuesto a todos los partidos y formaciones políticas de las clases explotadoras. Un Partido que tenga su ideología -el marxismo-leninismo-, su programa, su política completamente autónoma de la burguesía y de la pequeña burguesía, para llegar a ser el dirigente de todas las masas explotadas y oprimidas mediante la revolución.

Un Partido que tenga bien claro el objetivo de la conquista del poder político, la instauración de la dictadura del proletariado y la construcción del socialismo y el comunismo, y que lleve estos objetivos en su acción política cotidiana.

Es el momento de dar pasos resueltos en esta dirección, y aprovechar la inestabilidad política y la carencia de gobierno, para desarrollar la organización y la iniciativa política comunista.

No estemos desprevenidos, la crisis de la burguesía procede y los acontecimientos se aceleran. La batalla se desarrollará y será ganada fuera de los foros parlamentarios, en el mar agitado de la lucha de clases.

6 de marzo 2018

Plataforma Comunista – por el Partido Comunista del Proletariado de Italia

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