Contra el fraude, por una verdadera democracia popular

Las elecciones generales del 20 de octubre marcan un antes y un después para Evo Morales y el MAS, al ser la primera elección presidencial desde 2005 en la que la dupla Morales Ayma – García Linera no alcanzan la mayoría absoluta de los votos. La derrota del oficialismo en el referéndum de modificación del Art. 168 de la Constitución Política del Estado (21-F/2016) no fue impedimento para que el Tribunal Constitucional mediante la Sentencia 84/2017 desconociera el resultado del referéndum alegando el ‘derecho democrático de elegir y ser elegido’. Bajo una nueva Ley de Organizaciones Políticas se gesta una nueva figura – las elecciones primarias, cuya única función es de legitimar las candidaturas presidenciales, que se realizaron en enero del 2019 con una participación menor al 46% de la propia militancia oficialista.

La antesala de las elecciones generales fueron marcadas por una escalada de conflictos sociales (médicos, defensa del litio, entre otros) y por la defensa de la Chiquitanía que se encontraba por meses en una situación de emergencia por los incendios. Estos conflictos sociales han dado lugar a una creciente polarización de la población nacional en medio del resurgimiento de los discursos racistas, xenofóbicas, misóginas, regionalistas y de odio, que caracterizaron a la ‘media luna’ de hace una década. Se ha generado un contexto político de total confusión en el que contingentes significativos de los otrora grupos de choque derechistas se incorporan al ‘Proceso de Cambio’ por un lado y por otro lado se unen para ‘defender la democracia’ desde los comités cívicos hasta el CONADE; no existe organización política o social que logre encausar el cúmulo de descontentos y contradicciones que se agudizan en el país.

Los resultados electorales del 20 de octubre en primer lugar son muestra clara de los límites de la democracia liberal representativa como mecanismo de resolución de las profundas contradicciones que vive el país, al polarizarse el voto entre el oficialismo (MAS-IPSP) y el ‘voto útil’ por el ex-Presidente Mesa (quien fue compañero de fórmula del empresario neoliberal Sánchez de Lozada). La elevada votación por el candidato fundamentalista, misógino y anti-derechos del Partido Demócrata Cristiano llama la atención y preocupa, más aún cuando éste ofrece su apoyo a Mesa a cambio de que ‘baje la bandera arcoiris’. La votación del regionalismo oriental expresado en la alianza Bolivia Dijo No se redujo a una mínima expresión a nivel general, sin embargo se mantiene en las circunscripciones uninominales de Santa Cruz y Beni. Fueron 5 partidos que perdieron la personería jurídica en estas elecciones al no haber alcanzado el 3% necesario: el indigenismo de tercer sistema logró poco más del 1%, por su parte los partidos tradicionales y de la primera ola populista – MNR, UCS y FPV, y el fantasma Pan.Bol no alcanzaron siquiera el 1%. En términos del próximo Parlamento, ya es un hecho que el MAS no contará con los dos tercios necesarios para nombrar al próximo Tribunal Supremo Electoral o para instaurar un juicio político, sin embargo se mantiene como primera fuerza en ambas cámaras.

El Tribunal Supremo Electoral, objeto de serias observaciones por su falta de independencia, perdió aún más su legitimidad ante el pueblo con las renuncias consecutivas de vocales y altos funcionarios en la antesala de las elecciones. El sistema de conteo rápido conocido como TREP fue suspendida de forma irregular durante casi 24 horas faltando la publicación del 17% de las actas de escrutinio, hasta ese momento los resultados apuntaban hacía una segunda vuelta al no contar ningún candidato con el 50% + 1 y no existir ningún candidato con 40% de votos y 10% de diferencia con el segundo (son las dos formas de ganar en primera vuelta la elección presidencial en Bolivia). Al actualizarse el TREP la noche del 21 de octubre, con un supuesto consolidado de 98,89% de las actas, se indica contra todo pronóstico matemático una diferencia de 10,1% entre los primeros dos candidatos y por tanto la virtual proclamación de la victoria electoral del MAS en la primera vuelta. Este hecho provocó una ola de protestas a nivel nacional contra las autoridades electorales, acusándoles de fraude y terminó con fuertes represiones y enfrentamientos entre oficialistas y opositores.

Los comunistas estamos conscientes que ni Evo Morales ni Carlos Mesa representan la transformación que necesita nuestro país, ambos responden a intereses de diversas fracciones de las clases dominantes y ambos aplicarán una política anti-popular desde el gobierno. Asimismo comprendemos que la democracia liberal representativa no es más que un muro de contención que busca reducir la participación del pueblo al hecho de emitir un voto cada cinco años. Los comunistas rechazamos los intentos de la vieja derecha oligárquica de remontarse y posicionar su discurso de odio, racismo y misoginia aprovechando los espacios de movilización popular. No podemos caer en las garras de los discursos regionalistas, racistas, misóginos, xenofóbicos y de odio; la lucha es junto a los trabajadores, los campesinos, los pueblos indígenas, las diversidades sexo-genéricas, la juventud, las mujeres – es decir los pueblos bolivianos.

Las luchas callejeras y la resistencia civil no sólo debe ser para el respeto a la voluntad popular y la realización transparente de los procesos electorales, debemos cuestionar la misma esencia del sistema democrático en el país: las formas de participación, los mecanismos de toma de decisión y los espacios de representación. Debemos aprender de las experiencias históricas de la lucha social del pueblo boliviano y las formas de organización que ha asumido: la Asamblea Popular, la Coordinadora del Agua, los Cabildos, entre otros. Pero además debemos comprender que la democracia es más que la defensa del voto, es luchar por políticas públicas que favorezcan los intereses del pueblo boliviano y no de las agro-industriales y banqueros; es luchar por la soberanía nacional para que nuestros recursos no terminen en manos de las transnacionales (aunque las llamen de socias); es luchar contra la deuda externa ilegítima; es luchar por el derecho a la educación, salud, vivienda, alimentación, libertad, organización. Luchamos contra el fraude, pero luchamos también por una verdadera transformación del país, por la democracia popular; por un país en el que las grandes mayorías seamos quienes determinemos nuestro su propio destino.

La Paz, 22 de octubre de 2019

Secretariado del Comité Central

Partido Comunista Revolucionario (PCR)

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