OTRA VEZ SIN EDUCACIÓN

Adrián Pérez.

Hace un mes que todos los niveles del sistema educativo, desde inicial hasta el nivel superior, han suspendido clases como una medida para prevenir y combatir la propagación del Coronavirus en nuestro país. Fue una de las primeras medidas restrictivas absolutamente necesaria para evitar el colapso del sistema de salud y prevenir la enfermedad y muerte de muchos y muchas. Coincidentemente, hoy también se celebra el día del niño y de la niña boliviana.

A partir de ello, como es conocimiento de todos, el gobierno está invirtiendo recursos para mitigar las múltiples deficiencias de un Sistema de salud postergado por décadas, captando fondos de toda naturaleza para esto (incluidos los burlescos 19 millones de los oligarcas bolivianos). Tal vez la principal medida asumida en esta temporada ha sido agudizar las medidas restrictivas con el aislamiento social obligatorio o cuarentena, fortaleciendo el control policial y militar, afirmando que estamos en una “guerra contra el virus”, multiplicando el control y abusos de las autoridades armadas para luchar contra este mal. Se han desplegado más funcionarios a las fronteras para controlar el ingreso “ilegal”, en palabras del Ministro Coimbra, de ciudadanos bolivianos. También se han tomado medidas económicas como el bono familia y bono canasta familiar (¡hay que ver cómo ensalzan la familia!) y descuentos en los pagos de servicios, impuestos y créditos que no vale la pena ahondar mención en este artículo.

Pero, irónicamente, durante este periodo de crisis la educación ha sido lo primero en suspenderse y es lo último en atenderse. Y me refiero a la tímida participación del ejecutivo en Educación, representado por V.H. Cárdenas en medios de comunicación y dejando instructivos que abordan temas principalmente administrativos. Es decir, la posible suspensión de vacaciones de invierno, el cambio del calendario escolar, el pago de pensiones en la educación privada, etc. Asuntos muy importantes sin lugar a duda, pero solo una parte de la gestión de la educación que tiene el gobierno. También habló sobre las dificultades de los maestros y maestras para organizar una educación a distancia, porque hay muchos estudiantes que no tiene acceso a internet. Comentaba sobre las desigualdades que esto marcaría para aquellos que no tienen las condiciones para cursar en línea, pero también mencionaba que hay colegios y universidades privadas que cuentan con plataformas u otros medios para pasar clases virtuales. Y es cierto, muchas unidades educativas privados están pasando clases virtuales; con múltiples dificultades y problemas, solo menciono superficialmente algunos de estos: el limitado acceso a internet de estudiantes y profesores, la disponibilidad de dispositivos en casa para cada estudiante, la participación de padres y madres que acompañen a sus hijos, los conocimientos de estos para apoyar a sus hijos en sus materias, la autodisciplina requerida para seguir procesos educativos virtuales. Pese a todo esto, con contradicciones y dificultades que valdrá la pena evaluar a profundidad, se puede presuponer un avance académico. En cambio, los estudiantes de las escuelas fiscales que son la mayoría, no tienen ninguna actividad escolarizada. La diferencia la hacen algunos maestros y directores interesados, pero son pocos casos y sin apoyo de las autoridades o de recursos estatales.

Y es así como el Estado, al no presentar alternativas, al no afanarse en la educación de la mayoría de los estudiantes bolivianos, es cómplice de profundizar las desigualdades. Y es que mientras los hijos de las clases medias y la burguesía tiene un avance pedagógico relativo; los hijos de los obreros, de los minoristas, de la dulcera o de la trabajadora del hogar, del campesino pobre (que hoy por hoy es a quién le debemos la vida) del niño con discapacidad o la niña institucionalizada, posiblemente no tengan ninguna oportunidad de aprendizaje. Este es un asunto de clase y debemos estar conscientes de esto, porque otra vez nos estamos quedando sin educación. Y me pregunto, ¿no es asunto público cuidar el intelecto y potencial de cada niña y niño boliviano? A esto, sumamos el riesgo de quedarse en casa para los menores, teniendo a posibles agresores muchas horas frente a ellos. ¿No debe el Estado salvaguardar el bien, como interés superior, de los menores? ¿No deberían el Estado afanarse en reducir estas brechas? Pero veamos algunas de las iniciativas estatales al respecto.

Las últimas semanas, el Ministro Cárdenas no ha vuelto a ser visible ante los medios para ninguna información. Así que uno recurre a visitar la página del Ministerio, donde uno puede ver tres publicaciones desde que inició el aislamiento social. Una de ellas, una convocatoria a un curso virtual en reportería y periodismo científico para estudiantes de secundaria (curso que empieza el 20 de abril y finaliza el 5 de mayo, saquen sus propias conclusiones sobre la temporalidad) una iniciativa principalmente privada (donde figuran ONG y la Universidad Católica, sede del golpe de Estado) y que posiblemente no tenga nada que ver con el currículo del Sistema educativo. Otro comunicado invita a seguir un blog de audiolibros y literatura infantil, una iniciativa extranjera, interesante, pero irrelevante para el Ministerio de Educación. Finalmente ha publicado una Guía para padres y madres, texto elaborado por UNICEF descarga libre; breve, sin contexto ni profundidad. Un documento que, aunque parezca mentira, recomienda a las familias que sus hijos e hijas vean en YouTube videos de Plaza Sésamo (p. 10). En conclusión, no hay ninguna producción de valor para los niños, niñas y adolescentes.

Hay que reconocer también que otras organizaciones sociales, como el Magisterio, tampoco han tenido iniciativas, con pronunciamientos tibios relacionados a proteger a sus sindicados, pero sin aportes en lo pedagógico. Reitero que si hay actividad no es iniciativa institucional, sino de maestros y maestras particulares.

¿Qué hacemos ahora?

Para avanzar es importante tener presente que no será una sorpresa para nadie que la cuarentena se extienda, por lo mínimo, hasta finales de abril, entonces actuar es imperativo. ¿Y qué se puede hacer? De momento, es fundamental que las propuestas partan y giren alrededor del Modelo educativo socio-comunitario productivo, este está en vigencia aún y es una propuesta inagotada. Se me ocurren ideas, esperando eco y multiplicación de ideas:

-Primero, como toda crisis, debe motivar la reflexión profunda sobre la Pedagogía nacional, como lo hizo Franz Tamayo hace ciento diez años. Es una actividad urgente y es responsabilidad de todos y todas, más aún con las condiciones materiales que esta crisis va a dejar y con la coyuntura incómodamente electoral que vivimos.

-De inmediato, los medios de comunicación y el gobierno deben invertir en la creación de material educativo en múltiples formatos dando uso a medios como radio, televisión y también redes sociales. Usando múltiples medios se puede hacer que procesos educativos lleguen a postergados y periféricos en el país.

-Para esto, se debe organizar comisiones extraordinarias de maestros, profesionales, medios, representaciones de padres y madres y el Ministerio para elaborar materiales para todos los niveles. Eso sí, las acciones que se desplieguen deben incluir a todos los y las estudiantes, sean de áreas rurales y urbanas, de habla castellana o de lenguas indígenas, tengan o no discapacidad.

-El confinamiento está despertando una reacción sumamente individualista, una actitud de cuidarse a sí mismo y a su familia, pero esto no es suficiente. Si hay algo que podemos hacer es darle una oportunidad a la organización comunal, vecinal o sindical, activando acciones comunitarias para trasladar de cuidado y aprendizaje a nuestros barrios, en nuestras comunidades, en nuestros hogares. Tal vez es una oportunidad para hacer que el maestro, la maestra vuelva a ser uno de los principales referentes en nuestra comunidad.

-Es de suma importancia proteger y potenciar la educación pública, gratuita y para todos y todas. Debemos estar alerta a la avanzada de servicios y recursos virtuales, porque por un lado pueden ser una gran oportunidad para muchos y muchas, es innegable lo importantes que pueden llegar a ser. Pero son todas iniciativas que tienden hacia la privatización, muchas veces costosas, cada “curso” aplica los recursos pedagógicos que mejor les convenga, no debaten con la sociedad sobre el devenir social, no pagan ningún tipo de impuestos (es decir, no aportan al desarrollo del entorno) y se están haciendo muy popular en tiempos de aislamiento social. La avanzada de estos también puede profundizar las brechas de desigualdad antes mencionadas. Es importante prestar especial atención a este fenómeno.

-Finalmente, el gobierno debe estar atento al retorno a clases, pues, es común que las interrupciones prolongadas de clases tengan como un efecto colateral el abandono de los estudiantes más pobres y más vulnerados. Así que el gobierno y las Universidades públicas debe planificar acciones que garanticen que todos los estudiantes regresen a sus aulas cuando toque hacerlo.

Solo para terminar, en tiempos de confinamiento y de avanzada del fascismo es importante no perder la ternura, como nos decía el Che. Todas estas consignas están amparadas por el derecho e interés superior del niño y niña establecido en la declaración sobre los derechos del niño/a.

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