MARCELO QUIROGA SANTA CRUZ: OLEOCRACIA O PATRIA

Marcelo Quiroga Santa Cruz, primer Secretario del Partido Socialista 1 (PS-1), desaparecido por paramilitares en el Golpe de Estado de García Meza (17 de julio de 1980) mientras sesionaba el CONADE Histórico en la COB. Desde Tinta Roja brindamos un homenaje a Marcelo, un intelectual patriota y democrático, comprometido con su pueblo, firme defensor de los recursos naturales, diputado impulsor del Juicio de Responsabilidades contra la Dictadura de Banzer. Reproducimos parte de su texto “Oleocracia o Patria” (1974) en el que denuncia el papel del imperialismo en el saqueo de nuestros recursos naturales:


Los recursos naturales no renovables son el pan de hoy y el hambre de mañana. Esta cualidad dual de la explotación de los recursos minerales, que hoy los pueblos coloniales y naciones dependientes conocen y sufren inmemorialmente, han comenzado a entenderla, también, aunque muy a pesar suyo, los que siempre se beneficiaron de sus efectos: los paises colonialistas y los que les suceden en la práctica del neocolonialismo.
La ocasión para que estos viejos usufructuarios del bien ajeno hicieran esta tardía e ineludible experiencia se ha dado, al fin, porque los antiguos dueños de esos medios naturales de subsistencia resolvieron serlo de veras. Es precisamente a uno de los últimos esfuerzos que los países explotados han echo por asumir la propiedad real de ese pan metafórico en vías de agotamiento y a sus efectos económicos en los países centrales del sistema capitalista mundial, que se ha dado en llamar la crisis energética. Lo que, claro está, no es más que una manifestación aguda de la inevitable crisis del sistema mismo.


Durante la primera mitad de este siglo decisivo, los países industriales han consumido más recursos naturales no renovables que en el resto de la historia de la humanidad. Lo ocurrido desde entonces no hace sino confirmar y agravar esa tendencia: bastaron veinticinco años para sobrepasar con mucho el límite anterior. El progreso científico y tecnológico amplió de un modo casi ilimitado los usos y aplicaciones de los recursos minerales y de hidrocarburos; la incorporación de nuevos mercados y la elevación general del nivel de vida permitieron la extensión e intensificación de la demanda; el resto lo hizo la sociedad de consumo. La consecuencia inevitable del derroche no puede ser otra que el agotamiento. Esta perspectiva que al inicio de este siglo habría parecido inadmisible, incluso teóricamente, es hoy una realidad sombría que salta de los cálculos prospectivos referidos a la suerte de las colonias y se instala en el corazón mismo del imperio.

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