Tinta Roja No. 18

El día 6 de septiembre re-iniciaron las campañas públicas para las elecciones generales programadas para el 18 de octubre. Hay muchos aspectos que llaman la atención, por ejemplo, hace unas semanas nos decían desde el gobierno que el 6 de septiembre sería el pico de contagio por lo tanto no era una fecha viable para las elecciones, sin embargo, los candidatos salieron a las calles sin preocupación alguna para arrancar la campaña proselitista ese mismo día. Este hecho no es más que una confirmación del cinismo del régimen actual, y los pactos que han alcanzado con la dirigencia del MAS desde la Asamblea Legislativa.

El proceso de elecciones generales que se ha reanudado, con una supuesta fecha de elecciones para el 18 de octubre. ¿Qué posición tenemos los comunistas en las elecciones? ¿Cómo podemos avanzar, el movimiento popular en este contexto tan complejo? ¿Hay algún candidato que representa los intereses de los trabajadores de la ciudad y del campo en esta elección?

Empecemos estableciendo algunos conceptos desde el marxismo-leninismo que nos esclarecerán en nuestros análisis. Todo Estado es el instrumento de dominación de una clase social sobre otra, pero dentro de las propias clases dominantes existen también pugnas e intereses en disputa. Los partidos políticos son la representación orgánica de los intereses de una clase o fracciones de una clase.

Esto se hace muy evidente y fácil de identificar en algunos casos como los Demócratas la expresión política de la oligarquía agroindustrial y Unidad Nacional que representa a los empresarios industriales. En otros casos existen alianzas más complejas que incorporan a distintos grupos empresariales, tendencias religiosas y otros grupos de poder. Lo que tienen en común todos los candidatos de todos los partidos es la garantía de respeto pleno a la gran propiedad privada, a los latifundios, a las mineras privadas, a las transnacionales hidrocarburíferas, a los banqueros. Lo que varía es cómo cada partido plantea abordar este manejo, ya sea el mantener el modelo “plural” que permite una convivencia entre el capital privado y la presencia estatal en el sector estratégico, o apostar por una descarada privatización para acelerar la entrega del país a potencias imperialistas.

Si bien es cierto que no todos son iguales, que hay distintos matices en el mismo cuadro, no podemos resignarnos a apoyar el mal menor y perder de vista la posibilidad que tenemos nosotros de construir nuestro propio futuro. Los comunistas bolivianos tenemos un programa que plantea el tipo de país que queremos construir junto al pueblo trabajador.

Existen dos contradicciones principales que debemos resolver: la contradicción entre el imperialismo y los pueblos del mundo, y la contradicción entre capital y trabajo. Mientras nuestro país siga siendo dominado económica, política y culturalmente por potencias imperialistas (yanquis, europeos, chinos, rusos, u otros), mientras sigan saqueando nuestros recursos naturales, mientras intervengan mediante golpes de estado jamás seremos libres como país. Pero estas potencias imperialistas cuentan con aliados dentro del país, la oligarquía – por excelencia antipatria, los banqueros que se llevan sus ganancias a Panamá, los agroindustriales que con transgénicos atentan contra nuestra salud, los grandes industriales quienes despiden a los trabajadores sin pensarlo dos veces. Mientras siga existiendo explotación y opresión en nuestro país tampoco podremos ser libres.

Nuestra Patria necesita de nosotros, necesita de los trabajadores, campesinos, mujeres, jóvenes y profesionales comprometidos. El PCR plantea la necesidad de combinar todas las formas de lucha para alcanzar una nueva sociedad – el socialismo científico, como primera fase del comunismo. Estamos convencidos que sólo el pueblo organizado, movilizado y armado podrá conquistar una verdadera liberación nacional y social. Creemos que es fundamental en estos momentos en el que el pueblo boliviano acudirá a las urnas, que se abra un verdadero debate en torno al país que queremos los trabajadores. Que a partir del Frente de Liberación Nacional en distintas regiones del país construyamos una alternativa capaz de disputar nuestro proyecto político, porque un país democrático no sólo es ir a votar cada cinco años, sino que el pueblo sea quien gobierne en todo sentido.

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